3 de amor y LIJ
"Allá a lo lejos,
puedes escuchar
a un amor de primavera
que anda dando vueltas"
Tanguito
Cuando era chico existían los libros de amor, pero rozaban tangencialmente mi universo de lecturas para varones. Recuerdo Papaíto Piernas Largas (¿mmm, qué sería de Papaíto en 2014?), y no muchos más. Para mí, las historias de amor estaban entrecruzadas con las aventuras, las batallas y los duelos. Amores eran los de Sandokan y Mariana, los del Corsario Negro y la hija del Duque de Ventigimiglia y el Principe Valiente y Aleta. Al hacer este pequeño racconto que surge de directo de mis recuerdos infantiles, siento la voz de Leo Oyola: “King Kong murió por una rubia”. Y no eran amores tranquilos, ni románticos. Mariana moría y Sandokan enloquecía, vagando por la isla enceguecido. El Corsario Negro se debatía entre su amor y su venganza. Y Valiente cruzaba Europa con Aleta encadenada del cuello en castigo por sus supuestos crímenes.Y listo, eso es todo amigos. Luego vino la adolescencia y la ciencia ficción y las historias de amor “espacial” que ya hemos enlistado para el San Valentín pasado.
Hasta que un día vino Harry Potter y de repente las editoriales descubrieron que no hay público más fiel que los adolescentes. Y ya viene el boom y quedas irremisiblemente al margen de ese maremágnum de sagas y libros, como Los Juegos del Hambre y Divergente y uno ya no quiere saber más nada (aclaró que los Juegos me gustó). Y esos libros van directo a la biblioteca de la adolescente de la casa (“¡¡Tomá, Javi otro para vos!!”). Y así son los prejuicios: si es para adolescentes, es masivo y se hizo la película tiene que ser malo. Hasta que volví con el caballo cansado (“¿Javi, que tenés de amor para adolescentes?”) y me tiró por la cabeza Eleanor & Park, después me vio medio turulato y arremetió con Ciudades de papel y la remató con Bajo la misma estrella. Tuve que guardar todos mis prejuicios y reconocer que hay algo que es nuevo (para mí) en la literatura juvenil, que es masivo y que tiene calidad literaria. Y que me lo estaba perdiendo.
La única referencia cultural que poseo sobre la educación en Estados Unidos son las películas y series, desde Carrie hasta Escritores de la Libertad, desde Triunfos robados hasta Glee, una School Storie. Y no termino de creerme ese universo de porristas, nerds y deportistas. Pero si lo tomamos como un arquetipoa, como un escenario o casi como un ejercicio de género podemos disfrutar de las novelas de estudiantes secundarios sin problemas, con una condición que sean buenas literariamente. Y Eleanor & Park lo es. Eleanor es la nueva, es loser y carne de cañón para el bullying, Park es un outsider que trata de pasar lo más desapercibido posible. Obvio, terminan enamorados.
Breve excursus sobre la white trash (si no le interesa salte al final del párrafo): La palabra White Trash la escuché por primera vez cursando Historia de los Estados Unidos, cuando el profe planteó que la pobreza no se medía por el color de piel sino por la cantidad de dientes. Se refiere a los blancos pobres, tipo Eminem en 8 mile viviendo en una casa rodante. Pero la vi plasmada en toda su precariedad y pobreza en la serie Extreme Makeover, donde les reconstruyen casas que literalmente se caen a pedazos.
Eleanor es basura blanca de la más pura: cuatro hermanos chicos, una madre golpeada y un padrastro violento. La clave de la novela es la forma en que Eleanor maneja su situación social. Su entereza y sacrificio, sin golpes bajos, sin soluciones mágicas. Una adolescente que capea un temporal que amenaza con desbordarla. Sólo por eso vale la pena leer la novela, pero viene con un plus. La forma en la que está escrita, las voces narrativas de Eleanor y de Park que se complementan, que se contradicen y establecen un metadiálogo que el lector sigue fascinado.
Ciudades de papel, John Green
Aquí nuevamente aparecen los clichés de las películas de los estudiantes secundarios: Margo, la reina del colegio y su vecino de enfrente Quentin, un nerd que la ama desde su más tierna infancia. Una noche Margo irrumpe en la habitación de Q para arrastrarlo en un raid de venganza y aventuras que literalmente le mueve el piso. Sólo que Margo no vuelve a la escuela al día siguiente, ni al otro, ni al otro. La búsqueda de Margo se convierte para Q en una obsesión, pero también en un viaje de descubrimiento de la propia Margo y de sí mismo. El libro termina cuestionando nuestra propia capacidad de conocer a los demás. Al igual que el anterior, la narración, a ratos sarcástica, a ratos profunda es brillante.
El libro termina muy muy lejos del Baile de Graduación tipo porkis, en la primer ciudad de papel. (Sobre el término, el libro lo explica, sino wikipedia).
Bajo la misma estrella. John Green
Es evidente que John Green conoce al dedillo los clichés de las novelas para adolescentes, sólo de esa manera se explica como los evita en Ciudades de papel. En Bajo la misma estrella, hace lo mismo con los clichés de los enfermos de cáncer. Es un libro muy duro, pero el libro cuenta con la fuerza de los personajes y una escritura con mucho oficio para hacerle frente. El humor, la ironía, la falta de respeto hacia la enfermedad que en el fondo es una falta de respeto a la muerte, nos cuentan una historia de dos adolescentes, Hazel Grace y August Waters, que viven, que tienen cáncer y que se van a morir con la misma seguridad con la que nos vamos a morir nosotros. Sólo que ellos no pueden hacer como que no lo saben. Y entre ellos, una historia de amor."El desparpajo con el que hablan del horror de la enfermedad" escuché a una docente... se ve que no conoce a Carola...
Así que si en el colectivo ve a un adolescente metido en un enorme libraco, o le cuentan que salió la película del libro ese para adolescentes, o se cruza en la web con un booktuber, preste atención, a lo mejor, se trata de algo que vale la pena leer. Y es de amor. ¡Feliz primavera!
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