Ballenas en la ciencia ficción

 


 

“Llamadme Ismael”.

Desde siempre, las ballenas poblaron la imaginación de la humanidad, con su misterio y su majestuosidad. Durante la historia, fueron perseguidas como monstruos, cazadas como presas, adoradas como dioses, encerradas para entretenimiento, utilizadas para experimentar. Todo eso se reflejó en la literatura. Moby Dick, la novela de Herman Melville publicada en 1851, dio forma concreta a esa fascinación, describiendo la matanza industrializada de ballenas a la vez que convertía a la Ballena Blanca en sinónimo del objetivo inalcanzable que lleva a la perdición de los hombres.

(Aquí corresponde una primera aclaración biológica. Corresponde llamar Ballena sólo a los cetáceos misticetos -que tienen barbas-: jorobadas, francas, azules, grises, minke, etc. Los cetáceos con dientes, odontocetos, no son ballenas: delfines, orcas y cachalotes. Precisamente estos últimos, por su tamaño, suelen considerarse erróneamente ballenas. La Ballena Blanca de Moby Dick es un cachalote, no una ballena.)

En los últimos tiempos, al avanzar la técnica de captación y procesamiento de sonidos submarinos, queda cada vez más patente que los “cantos” de las ballenas y delfines son parte de un lenguaje elaborado, y los científicos más audaces no dudan en atribuirles un carácter cultural. Resulta irónico que así como se ha gastado muchísimo más dinero en explorar el espacio que los océanos, se hayan realizado tantos esfuerzos en buscar señales de especies extraterrestres inteligentes cuando convivimos con al menos siete (ballenas, cachalotes, orcas, delfines, chimpancés, orangutanes, gorilas y si me apuran agregaría a los pulpos).

El 19 de febrero de 1986 la Comisión Ballenera Internacional prohibió la pesca industrial de la ballena y por eso se conmemora el Día Mundial de las Ballenas. Un poco atrasado, quise hacer un posteo con algunos libros donde aparecen los cetáceos en la Ciencia Ficción. En algún momento haré una segunda parte y agregaré otros títulos que encontré haciendo esta breve investigación, como Las ballenas volantes de Ismael, escrito por Joseph Farmer.

 

En las imágenes de las tapas incluyo un fragmento de cada libro…

 

En las profundidades. Arthur Clarke

 

Publicado en 1957, Arthur Clarke modela un futuro con un gobierno mundial de científicos acuciado por la necesidad de alimentar a una creciente población. El protagonista actúa como pastor de ballenas, casi como un cowboy subterráneo. Debe criarlas, arrearlas, protegerlas de tiburones y orcas que las acechan y finalmente, conducirlas, no sin remordimientos, al matadero.

Sin ser el mejor libro de Clarke, nos permite dar un buen vistazo a las profundidades del mar, menos conocidas y visitadas que la inmensidad del espacio.

 

 

Y mañana serán clones. John Varley.

 

Esta novela tiene la peor traducción de título en la historia de las malas traducciones. Originalmente se debería llamar: La línea Offiuco. Pertenece a la llamada Saga de los Ocho mundos, que aunque no tienen una continuidad argumental, se sitúan en un Sistema Solar futuro donde extraterrestres han expulsado a la humanidad de la Tierra para proteger a las ballenas, ya que ellos evolucionaron a partir de unos animales similares. Si bien el argumento se centra en otras cosas, en esta los Invasores y las ballenas aparecen en primer plano.

 

 

Johnny Mnemonic

 

En este cuento corto, precuela de Neuromante, William Gibson planta las bases de lo que luego será conocido como ciberpunk, uno de los personajes es un delfín drogadicto con implantes cibernéticos: Jones. Está incluido en la antología Quemando cromo. Su aparición destila esa nostalgia por lo que fue, por lo que la tecnología corrompió, tan característico del género.

 

Blackfish city

Este libro de Sam Miller Jr. Fue publicado en 2018 y todavía no está traducido al castellano. Comencé a leerlo y me interesó tanto que decidí esperar su traducción, ya que varios sentidos se me perdían en la lectura. Pero ya el comienzo es atrapante. Una chica llega montada en una orca a la última ciudad humana, situada en el Polo Norte. Si la traducen o logro terminar de leerla, subiré una reseña más completa.

 

 

La elevación de los pupilos. David Brin

Esta saga de David Brin, compuesta por Navegante Solar, Marea estelar, La rebelión de los pupilos, Arrecife brillante, La costa del infinito y Los límites del cielo, ha ganado los principales premios de la CF. Está ambientada en un mundo futuro donde especies más evolucionadas han llegado a la Tierra. Estas especies establecen una relación de Tutor/Pupilo entre diferentes inteligencias, donde la especie pupila queda atada en un pacto que recuerda a una servidumbre feudal a cambio de conocimientos y técnicas superiores. Pero no es la especie humana la única que se ve afectada por esta situación. La Humanidad acepta la responsabilidad de velar y fomentar el desarrollo de otras especies, por eso en las novelas aparecen chimpancés, ballenas, delfines y otras especies. El desarrollo de la trama es algo lento, pero las ideas que subyacen son poderosas.

 

 

 

La historieta de zanotto

Existe una breve historieta, en alguna Nippur de la época antigua, con un argumento similar al de Varley, una nave extraterrestre se acerca a la Tierra, con un punto de aterrizaje situado en el océano Pacífico. Las autoridades de los principales países del mundo se movilizan con sus Armadas para recibirlos. La nave los destruye, para que no arruinen el encuentro con las ballenas, a las que habían venido a conocer. Si alguien la recuerda o la conoce, me avisa porque la necesito. La leí hace mucho y me quedó en la memoria. Estoy seguro que el ilustrador era Zanotto.

 

 

La costa más lejana. Ursula K. Le Guin

En esta novela, la tercera de la saga de Terramar, no aparecen ballenas, pero aparecen los Balseros, el pueblo que vive en el mar, es un capítulo muy extraño y bello, una pausa en el viaje desesperado en que se encuentran Gavilán y Arren.

 

 

Fragmentos

 

“—Una vez al año. Vamos a la Duna Larga. Allí cortamos la madera y reparamos y pertrechamos las balsas. Eso en el otoño, y luego seguimos a las ballenas grises hacia el norte. En el invierno nos separamos, y las balsas navegan solas. En la primavera venimos a Balatrán, y nos reencontramos. Entonces hay un ir y venir de balsa a balsa, hay casamientos, se celebra la Larga Danza. Estas son las Rutas de Balatrán; desde aquí la gran corriente lleva hacia el sur. En verano, a favor de la gran corriente, derivamos rumbo al sur, hasta que vemos a las Grandes, las ballenas grises, virando hacia el norte. Entonces las seguimos, y volvemos al fin a las costas de Emah en la Duna Larga, por una corta temporada.” (La costa más lejana)

 

 

“—Material de la Marina —dijo ella, y su sonrisa brilló entre las sombras—. Material de la Marina. Tengo un amigo por aquí que estuvo en la Marina, se llama Jones. Sería bueno que lo vieras. Lo que pasa es que es un yunki; así que tendremos que llevarle algo.

—¿Un yunki?

—Un delfín.

Era más que un delfín, pero desde el punto de vista de otro delfín podría haber parecido menos que eso. Vi cómo se movía pesadamente en el tanque galvanizado. El agua saltaba por los bordes y me mojó los zapatos. Era un excedente de la última guerra. Un cyborg.

Salió del agua, y vimos las costrosas placas que le cubrían los costados, una especie de retruécano visual cuya gracia casi se perdía bajo una armadura articulada, torpe y prehistórica. A ambos lados del cráneo tenía unas deformidades gemelas que habían sido modificadas para poner allí unidades sensoras. En las partes descubiertas de la piel blanco-grisácea le brillaban unas lesiones plateadas.

Molly silbó. Jones sacudió la cola y arrojó más agua contra el borde del tanque.

—¿Qué es este lugar? —Vi formas difusas en la oscuridad, eslabones de cadena oxidada y otras cosas cubiertas por lona alquitranada. Por encima del tanque pendía un rústico marco de madera, cruzado y recruzado por hileras de polvorientas luces navideñas.

—Feria de Diversiones. Zoo y paseos de carnaval. «Hable con la Ballena de la Guerra.» Esas cosas. Jones es una especie de ballena...

Jones se encabritó de nuevo, y me clavó una mirada triste y antigua.

—¿Cómo hace para hablar? —De pronto tenía deseos de irme.

—Ahí está lo bueno. Di «hola», Jones. Y todas las luces se encendieron simultáneamente. Titilaban rojas, blancas y azules. “ (Johnny Mnemonic)

 

 

“Los Invasores proceden de un gigantesco planeta gaseoso, como Júpiter. No vinieron al sistema solar para conquistar la Tierra, sino por motivos desconocidos relacionados con los habitantes de Júpiter. Bronson dijo que existen jupiterinos inteligentes que se parecen mucho a los Invasores. (Secuencia de dibujos animados en la atmósfera jupiterina. Enormes formas sombrías nadando). La invasión de la Tierra fue un hecho secundario. Se realizó para salvar a tres de las especies inteligentes de la Tierra: los cachalotes, las orcas y los delfines de nariz de botella. (Fotos de archivo de los mamíferos acuáticos).”

“¿Sospechaban que estaba allí, resuelta a matarlas? No lo sabía ni le interesaba saberlo. Remó furiosamente hacia los cuerpos oscuros que hacían piruetas en el agua. Los Invasores pasaban raudos sobre su cabeza. No aceleraban ni reducían la velocidad; simplemente se desplazaban. Entraban y salían del agua sin producir ruidos ni chapoteos, adaptándose a cualquier volumen de espacio. Lilo se levantó y blandió el arpón contra ellos. Después reflexionó. A pesar de su odio obsesivo, de la magnitud de su indignación furibunda contra ellos y contra lo que habían hecho a su pueblo, sabía que algunas cosas estaban fuera de su alcance. Se tomaría su venganza en forma de carne y sangre y después moriría, porque ya no le quedaba nada por hacer, porque no tenía sentido caminar eternamente por las playas desnudas, o descansar con placidez en una choza de barro. El monstruo de piel oscura estaba a su lado, en el agua. Lilo accionó la flor metálica de su clavícula y se transformó en una criatura azul brillante, cálida como el sol del amanecer que se reflejaba en su cara.” (Y mañana serán clones)

 

 

“Don Burley, caballero en su armadura, sentado en su pequeña cabina difusamente iluminada, treinta metros por debajo de las luminosas ondas del Pacifico, preparaba sus armas para el combate que le esperaba. En aquellos momentos de ansiedad, antes de que comenzase la acción, le gustaba imaginarse así, aunque no lo hubiese admitido ante nadie. Se sentía también de la misma estirpe que todos los pastores que habían guardado rebaños desde la aurora de los tiempos. No sólo era Sir Lancelot, era también David, en los viejos montes palestinos, vigilando que los leones de la montaña no cayesen sobre las ovejas de su padre.

Sin embargo, mucho más próximos en el tiempo, y aún más en el espíritu, estaban los hombres que habían pastoreado grandes rebaños de ganado por las llanuras americanas, apenas tres generaciones atrás. Ellos habrían comprendido su trabajo, aunque los instrumentos de que Don se valía les habrían parecido, sin duda, mágicos. El sistema era el mismo; sólo se había alterado la escala de las cosas. El que los animales que Don pastoreaba pesasen un centenar de toneladas y pululasen por las sabanas interminables del mar no significaba ninguna diferencia básica.” (En las profundidades)

 

“Los motores zumbaron, y el exoesqueleto extendió aletas a lo largo de sus costados. Entonces intervinieron los propulsores con un salvaje estallido, lanzando la cabeza acolchada hacia arriba con la súbita aceleración, pinchando la base de su cráneo mientras las olas quedaban atrás, justo bajo su veloz nave.

Llegó junto a Makakai levantando una gran salpicadura. Ella silbó una aguda bienvenida en ternario. Jacob dejó que los cohetes se desconectaran de modo automático y reemprendió el avance puramente mecánico junto a la delfín. Durante algún tiempo se movieron al unísono. Con cada salto Makakai se volvía más atrevida, ejecutando torsiones y piruetas durante los largos segundos que transcurrían antes de que golpearan el agua. Una vez, en el aire, dejó escapar un poemita obsceno en su lengua, un chascarrillo sin importancia, pero Jacob esperó que lo hubieran grabado en el barco perseguidor. No se había enterado del chiste final con el estrépito de la caída.” (Navegante Solar)

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