Dragones en el Fantasy

 Dragones en el Fantasy

Tolkien


Es sabido que en los mapas antiguos, la frase “aquí hay dragones” hacía referencia a un terreno inexplorado. Precisamente, en la entrada al territorio del Fantasy en el País Literatura, debería aparecer bien grande un letrero que diga: “¡Peligro, aquí hay dragones!”. Quizás de allí recibió Tolkien la inspiración para saber a dónde llevar a su protagonista, una vez que hubo escrito detrás del examen de un alumno: “En un agujero en el suelo vivía un hobbit…” y en eso se transformó el libro: en la Historia de una ida y una vuelta hasta la madriguera de Smaug, incluyendo un edificante diálogo con él.


“Allí yacía un enorme dragón aureorrojizo, que dormía profundamente; de las fauces y narices le salía un ronquido, e hilachas de humo, pero los fuegos eran apenas unas brasas llameantes. Debajo del cuerpo y las patas y la larga cola enroscada, y todo alrededor, extendiéndose lejos por los suelos invisibles, había incontables pilas de preciosos objetos, oro labrado y sin labrar, gemas y joyas, y plata que la luz teñía de rojo.

Smaug yacía, con las alas plegadas como un inmenso murciélago, medio vuelto de costado, de modo que el hobbit alcanzaba a verle la parte inferior, y el vientre largo y pálido incrustado con gemas y fragmentos de oro de tanto estar acostado en ese lecho valioso.”

 

Le Guin

Smaug y su terrorífico antepasado, Ancagalón el negro, eran dragones occidentales, de acuerdo a la inspiración de Tolkien en la mitología nórdica. Pero cuando Úrsula Le Guin escribió El poder de los nombres y La palabra que libera (ambos en 1964) los relatos que configurarían después su saga de Terramar, los dragones aparecieron en su aspecto oriental: terribles, pero no terroríficos; más, pero también menos que humanos, animales y dioses a la vez. El papel de los dragones se hace cada vez más central en la Saga, sobre todo a partir de La costa más lejana (1972) y especialmente en la segunda parte con Tehanu (1990) y En el otro viento (2001). En ellos, se explora el vínculo entre humanos y dragones, y entre los poderes de los magos y la existencia de la Tierra de la sombra.

—¡Los dragones! Los dragones son avariciosos, insaciables, traicioneros; criaturas sin piedad, sin remordimientos. Pero ¿son malvados? ¿Quién soy yo para juzgar los actos de los dragones?... Ellos son más sabios que los hombres. Pasa con ellos como con los sueños, Arren. Nosotros, los hombres, soñamos sueños, hacemos magia, obramos bien, obramos mal. Los dragones no sueñan. Son sueños. Ellos no hacen magia: la magia es la sustancia, el ser de los dragones. Ellos no actúan: son.

 

El dragón se cernió sobre la balsa. Treinta metros medían, tal vez, de extremo a extremo las enormes alas membranosas, que brillaban a la luz del sol naciente como humo estriado de oro; y no menos largo era el cuerpo, pero enjuto, arqueado como el de un lebrel, con zarpas de lagarto y escamas de serpiente. A lo largo del angosto espinazo corría una hilera de dardos dentados, parecidos a espinas de rosal, pero de un metro de altura en la giba del lomo, y disminuyendo de tal modo que el último, en el extremo de la cola, no era más largo que la hoja de un cuchillo pequeño. Esas espinas eran grises, y las escamas del dragón parecían de hierro, pero con reflejos de oro. Los ojos eran verdes y rasgados.

 

El viejo dragón Kalessin lo espió con un ojo rasgado, terrible, dorado. Había siglos, eones, en ese ojo de mirada insondable que albergaba la aurora del mundo. Y aunque Arren no lo miraba, sabía que la criatura lo contemplaba con una profunda y mansa hilaridad.

 

 

Bodoc

 

Cuando Liliana Bodoc escribió la Saga de los confines, no había lugar en ese mundo paralelo/reflejo/parábola del nuestro, para los dragones. Más adelante, se uniría con Ciruelo para crear el mundo de Tiempo de dragones. Pensada como una tetralogía, aparecieron los primeros dos volúmenes La profecía imperfecta (2015) y El elegido en su soledad (2016), pero la desoladora muerte de Liliana en 2018 cortó la publicación de las continuaciones. A partir de los rumores de la existencia de borradores casi terminados, los fanáticos estamos cruzando los dedos.


 


El rugido de un dragón no es comparable a ninguna otra cosa, y sin embargo contiene todos los sonidos del mundo. Escuchando rugido adentro, quien fuera capaz de hacerlo, podría reconocer una tempestad en el mar, una batalla, el llanto de la persona amada.

 

Otras sagas tienen dragones en ellas, o mejor dicho, prácticamente no hay saga de Fantasy que se precie que no posea dragones en ella, es el desafío del autor aportar su originalidad para agrandar los mundos de la fantasía.


Hambly

Vencer al dragón (1985) por Bárbara Hambly.

Bárbara Hambly es una de las escritoras de fantasía más originales e interesantes de leer. Lean todo lo que encuentren de ella, a mí me gustaron especialmente sus libros Las brujas de Benshar y La mano izquierda de la magia. Y por supuesto este, Vencer al dragón, que es prototípico de su escritura.

Como se puede ver por la imagen, la consigna es un cliché de las novelas de fantasy, especialmente las conocidas como Espada y brujería (Sword & sourcery). Un joven príncipe pide ayudar de un héroe para matar un dragón, casi, casi podría ser Shrek, pero con el correr de las páginas, Bárbara va rompiendo cada uno de esos clichés, sorprendiendo al lector con la evolución de los personajes. Desde ya, el dragón no será la excepción.


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