El cuerpo y la magia en la Saga de los Confines
Ponencia presentada por Ramón Paez en el 1er. Seminario de Literatura Fantástica, "Monstruosidad y el cuerpo en los relatos fantásticos de Iberoamérica", organizada por la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín.
Sigilosa, en la cima de un monte olvidado de las Tierras Antiguas, la Muerte brotó en un hijo al que llamó Misáianes. Primero fue una emanación que su madre incubó entre los dientes, después fue un latido viscoso. Después graznó y aulló. Después rió, y hasta la propia Muerte tuvo miedo. Después se emplumó para volar contra la luz.” (Los días del Venado, pp. 6)
La Saga de los Confines está editada por Random House, está compuesta por Los días del venado, Los días de la Sombra y Los días del fuego. Y se completa con Oficio de Búhos y Venado, el arte de los Confines[1], un libro ilustrado por Gonzalo Kenny a partir de los textos de Liliana Bodoc. Los especialistas coinciden en que la Saga de los confines es una de las obras más importantes de la Fantasía épica escritas en idioma español.
El esqueleto de una obra de Fantasía épica es el mapa del mundo sobre el cual transcurre. Su alma, la dicotomía irreconciliable sobre la cual se asienta. Uno y otra se corresponden.
Haciendo una primera aproximación una definición de lo monstruoso como un Otro que se nos parece, debemos reconocer que La Saga de los Confines es una saga monstruosa, ya que parece ambientada en nuestro mundo, pero no es nuestro mundo.
La Saga ha sido vista como una reescritura de la Conquista de América, y si es así, hay que saber que es mucho más que eso. Vemos en el mapa la construcción de dos continentes que reflejan, en forma distorsionada, Europa y América. Las Tierras Antiguas donde Misáianes campa a sus anchas, y sus seguidores, los sideresios se aprestan a cruzar el Yentru con una flota de conquista. Del otro lado, en las Tierras fértiles, los Pueblos Libres son llamados a una alianza contra las fuerzas del Odio Eterno. Aquí aparecen los husihuilkes reflejo de los pueblos mapuches, los zitzahay, identificados con los mayas y el Pueblo del Sol, similar a los aztecas. Además de los bóreos de cabellos del color del zapallo y los Pastores del desierto.
Cada uno de ellos deberá decidir, luchar o ceder, morir o corromperse. Porque hay destinos peores que la muerte cuando el adversario es el Odio Eterno. Aquí esta la sustancia de la que está hecha la Saga: el amor contra el odio, la naturaleza contra la corrupción. Una clave que se aleja de la filosofía occidental positivista, donde ni siquiera se habla de Naturaleza, sino de recursos naturales. Por eso veo en la Saga mucho más que solo una ucronía indigenista. Liliana fue capaz de construir un relato que involucra tanto al pasado como al presente. Que nos interpela como americanos, pero sobre todo como seres humanos en relación con la naturaleza. Las raíces de la Saga de los Confines se hunden mucho más allá de 1492, recorren, resignifican y actualizan la cosmovisión de los pueblos originarios.
Esta cosmovisión se expresa con claridad en la boca de Kupuka, el Brujo de la Tierra:
“Y aquí yo comienzo a repetir: un Brujo de Los Confines no es más ni es menos que un nogal; un nacimiento humano no es más ni es menos que una floración, un Astrónomo escrutando las estrellas no es más ni es menos que un pez desovando. El cazador no es más ni es menos que la presa que necesita para vivir; un hombre no es más ni es menos que el maíz que lo alimenta. Esto es lo que Zabralkán dijo; y es lo primordial. La Creación es una urdimbre perfecta. Todo en ella tiene su proporción y su correspondencia. Todo está hilado con todo en una trama infinita que no podrían reproducir ni mis amadas tejedoras del sur. Pobres de nosotros si olvidamos que somos un telar. Y que no importa dónde se corte el hilo, de allí Misáianes comenzará a tirar hasta deshacer el paisaje. (Los días del Venado, pp. 197)
Aquí está la primera clave de lectura de La saga de los confines. Es una guerra total, de toda la Creación. Todas las criaturas están implicadas. No es una batalla entre el bien y el mal, es una batalla entre la Naturaleza y el Odio. Todos los sucesos y las valoraciones están supeditadas a esto.
El cuerpo en la Saga
En la Saga el cuerpo es algo siempre presente en la narración y en la trama. En la saga de los Confines, los cuerpos son parte de la naturaleza. Se rebelan, se muestran, se paralizan. Encarnan en ellos los sentimientos y las emociones: la culpa, la vergüenza, la alegría, el amor, el horror. O la tristeza como en este párrafo:
“Se apagó de pronto. Así debió ser porque la desesperación es efímera en el cuerpo de las criaturas. Crece la sangre y se derrama por dentro. Se anegan las vísceras. El corazón se amontona en la garganta. Sin embargo, ese ahogo no es duradero. Enseguida la sangre retrocede devolviéndole al aire su espacio. Detrás suele venir la tristeza. Y la tristeza tiene otro modo. Deja al triste dormir, pero guarda cerca para ser la primera en saludarlo cuando despierte.” (Los días del fuego, pp. 45)
Los cuerpos necesitan comida, bebida, solaz, satisfacción y disfrute. Aparecen en el hambre, el festín y la comida compartida como celebración de la comunidad. Los cuerpos se emborrachan con agua de maíz y agua de oacal. Los cuerpos se hacen presentes a través de las vísceras, de los humores: el sudor, la saliva, el vómito, la orina, las heces.
El sexo, la reproducción y la maternidad actúan como chispa de la vida, como reflejo del amor, pero también como arma, como alianza y como enseñanza. Los cuerpos se cansan, se enferman, sus heridas se infectan, luchan y mueren contra el veneno.
Hago un paréntesis para considerar que la hibridación es la forma moderna de crear monstruos, tal como define María Luisa Bacarlett Pérez[2] en su artículo Tres monstruos medievales a la luz del cuerpo sin órganos publicado en la antología Monstruos y grotescos, cito:
“Quizá el bestiario medieval no apuesta al híbrido como único paradigma del monstruo porque para tal episteme ni el hombre ni el animal son aún entidades finitas, claras y distintas, no son dos polos claramente diferenciados ni determinados. En cambio, si pensamos un poco en los monstruos actuales tendríamos que aceptar que el gran paradigma es el híbrido.” (pp. 42)
Esta separación hombre / animal tampoco es evidente en la cosmovisión de los pueblos originarios. Por eso en la Saga de los Confines, la hibridación como metáfora está tan presente como las menciones al cuerpo. Los hombres se asemejan a animales y eso no los transforma en monstruos, sino que es reflejo de su íntima relación con la naturaleza. Por ejemplo, uno de los personajes, Molitzmós, con su tocado de plumas, y sus adornos orgullosos es llamado El emplumado. También los guerreros husihuilkes se hacen uno con su animal con cabellera. Los zitzahay se hacen pájaros, asemejándose al sagrado pájaro Kukul.
Aparecen animales híbridos como las mujeres peces. Y las nuberas, las dríadas de las Tierras Antiguas. Y una raza extraña. Inteligente y enigmática, trágica y hermosa: los lulus. Que viven en la isla de Lewan, al sur del sur.
“Un lulu adulto, parado en sus patas traseras, alcanzaba la cintura de un guerrero husihuilke. Erguidos, caminaban con poca destreza. Sin embargo, eran capaces de dar saltos ágiles, y de correr incansablemente utilizando sus manos como apoyo. Las colas de luz, que alzadas sobrepasaban por varios palmos la cabeza de los lulus, eran látigos para sus enemigos. Pelear contra un grupo de lulus enfurecidos y salir con vida no era cosa corriente, ni siquiera para los guerreros de Los Confines. Pero los lulus tenían ojos enormes, y en los ojos se les notaba el alma.” (Los días del Venado, pp. 74)
El cuerpo y lo monstruoso en la magia de la Saga.
Clara María Molero[3] en La magia en la literatura: magas, brujas, hechiceras, citando a José Manuel Pedrosa dice:
"Por magia suele entenderse el conjunto de creencias y de ritos basados en la convicción de que el hombre puede alterar con fines moralmente positivos o negativos- su vida, la vida de los demás, y su entorno natural, mediante conocimientos, facultades y técnicas especiales, de carácter sobrenatural".
Vemos que la definición aplica para la fantasía épica, en donde lo sobrenatural funciona y se vuelve natural. La palabra mágica expresa el poder del mago sobre la naturaleza. La palabra, porque el poder del mago es exterior a su cuerpo. A lo sumo, es el espejo de su poder, de sus faltas o de sus sacrificios. Si es bueno, se vuelve “etéreo” como la conversión de Gandalf. Si el mago peca, su falta se marca en su cuerpo como un estigma, así le ocurre a Gavilán e incluso a Voldemort.
Hay en el Fantasy un modelo hegemónico de mago masculino, cuyo atributo de poder, es el bastón, símbolo fálico, paralelo a la espada del héroe. El poder del mago reside en su sabiduría, y la expresión de su sabiduría es la palabra. Y por otro lado, está la magia de las mujeres, eternamente despreciada. El poder de la bruja es el poder sobre el cuerpo, el conocimiento de sus humores, de las entrañas (sacrificios). Su atributo es el caldero. Símbolo convexo y contenedor, símbolo de alimentación también. La pócima como comida mágica. El poder confinado a la cocina, a lo cotidiano.
Y aquí aparece la imagen de un antagonismo histórico de la época medieval el sacerdote con un libro sagrado que le da poder, un libro en otro idioma, el latín, que la mayoría del pueblo no entiende. Por el otro lado, la bruja, cuyo conocimiento es ancestral, y viene del cuerpo, con sus pócimas y brebajes. Rodeada de animales “familiares” como gatos negros y cuervos.
Los Brujos de la Tierra
Liliana Bodoc rompe este estereotipo porque se basa en los machis mapuches, que no tiene un género predeterminado. En la Saga de los Confines aparecen los Brujos de la Tierra. Seis brujos que basan sus poderes mágicos y sus conocimientos en sus cuerpos, como reflejo de su íntima conexión con una parte de la naturaleza. Brujos cuyos cuerpos se deforman y en algunos casos, se hibridan en transformaciones animales. Brujos que poseen componentes que podrían ser considerados monstruosos.
Así los describe Andrés Felipe París[4] en El chamán en la Saga de los Confines de Liliana Bodoc:
“Los actores chamánicos presentes en la historia son significativos, representativos y diversos. Los Brujos de la Tierra son de cualidades disímiles y acciones concretas. Confluyen alrededor del respeto por la tierra, el amor y la solidaridad. La tradición, el conocimiento y el respeto por el saber son los pilares de su lucha.” (pp. 103)
Vale la pena ahondar en la descripción de cada uno.
Kupuka
Kupuka es un brujo de barro y cabra. Animal y mineral a la vez.
“El Brujo atravesaba la tormenta con pasos lerdos valiéndose de su antiguo cayado. No le importaba enlodarse porque estaba hecho de las mismas materias que el barro.
Kupuka se veía muy viejo y muy cansado; mirándolo con detenimiento se le notaban las trizaduras, cántaro de arcilla resquebrajado de tanto hacer servicios. Pero a Kupuka, el amor lo sostenía unido a sí mismo. Kupuka amaba los juncos que crecían cerca del agua. Era Brujo de la Tierra y sabía que si dejaba de amar a los juncos luego dejaría de amar a los pájaros, luego a los pumas, luego a los hombres. Kupuka sabía que quien se permitiera ignorar a los juncos que crecían cerca del agua iniciaba el camino del desamor.” (Los días del Fuego pp. 83)
Tres Rostros
Tres Rostros es fruto del amor entre un pescador y una mujer pez, por lo que es en sí mismo una hibridación. Adopta la forma de un elemental de agua.
Para alegría de Tres Rostros ocurrió lo esperado: el remolino, que venía de resistir un desbarrancamiento del río, golpeó contra la gran roca. Gotas de agua y gotas de Brujo salieron despedidas por el aire. Las gotas de agua volvieron al agua. Las gotas de Brujo se reunieron en la orilla, boca arriba y riéndose.” (Los días de las sombra, pp. 19)
Welenkin
Welenkin, de los ojos dorados. Welenkin el puma ¿Es Welenkin hombre o puma? El interrogante es inútil, es un híbrido no monstruoso, porque expresa la Creación.
“La belleza de Welenkín era tanta que se le desbordaba y hermoseaba todo en su contorno. Los ojos afilados eran dorados en el centro y estaban enmarcados con una línea negra. Tenía el cabello muy largo y la barba lacia. La piel, siempre húmeda, se estiraba sobre un porte de roca.” (Los días de la Sombra, pp. 136)
El Masticador
El Masticador es el Brujo de las plantas, las hojas y las raíces.
“Sin vacilar, el brujo buscó en su morral unos juncos carnosos y los exprimió sobre sus ojos hasta que el líquido que contenían cayó en forma de gotas espesas. El brujo soportó el ardor y sintió el ensanchamiento de sus pupilas bajo los párpados cerrados. Sus ojos se transformaron en dos cuencas negras, capaces de percibir movimientos y volúmenes en la oscuridad. Sabía que aquello le ocasionaría males, úlceras dolorosas de las cuales sus ojos jamás se recuperarían. Pero su cuerpo había sido siempre un instrumento, y lo era entonces más que nunca.” (Los días del Fuego, pp. 188)
El padrecito del Paso, pequeño y oscuro:
“Nadie como él prestará servicios a la guerra porque lo conocemos como un gran reparador, amigo de imaginar mecanismos o entrometerse con ellos. Sus manos y las herramientas se conjugan como el aire y el viento” (Los días del Fuego, pp. 24)
El Brujo Halcón
En el Brujo Halcón, la hibridación se invierte, dos se convierten en uno. Halcón y Brujo comparten y disputan cuerpo y mente. El Brujo paga con una transformación física el poder obtenido.
“De tanto tener los brazos encogidos a los costados del pecho, la posición se le hizo indispensable. Al principio, el lugar del rozamiento fue doloroso. La carne se inflamó y se cubrió de llagas. Cuando las llagas se rompieron, el sudor ardió en las quemaduras. Luego las heridas sanaron lentamente. El Brujo ya casi no estiraba los brazos. El Halcón se había ganado las alas. Era un ave absurda, un pájaro sin cielo, una criatura repartida entre dos mundos: estaba aquí y veía allá, atravesaba en vuelo el continente y seguía encorvado en su nido de tierra.” (Los días del Fuego, pp. 68)
Vemos entonces que aun los casos más extremos de hibridación, en la Saga de los Confines no aparecen como una expresión de monstruosidad.
El caso de Drimus es elocuente. Drimus, el Jorobado, el enviado de Misáianes, representante de la corrupción de la Magia del Recinto. Su deformidad no es considerada monstruosa por los personajes y Él ve su cuerpo como encarnación de su saber.
“Drimus y lo obligó a recorrer su joroba.
—Siente esto, animalito —siguió diciendo el Doctrinador—. Acaricia esta mole de sabiduría, la que me distingue entre los mejores. Deseo que mueras sabiendo que este retraso que ocasionaste no torcerá el destino.” (Los días del Venado, pp. 188)
Podemos considerar a Drimus como el más semejante a la figura del mago propia de la Alta fantasía, con sus poderes a partir de sus palabras de mentiras y sortilegios, acentuado por su apodo: El Doctrinador. Es él quién mejor comprende los designios de Misáianes. Pero también su magia se realiza a través de los cuerpos.
Entonces, las coordenadas que nos plantea Bodoc para definir la monstruosidad no pasan por la hibridación o la deformación de los cuerpos, sino por su asociación o alejamiento con un orden natural que hasta Drimus es capaz de cumplir.
Incluso la terrible Sombra, la muerte/madre desobediente tiene un cuerpo.
“La madre camina hacia el monte saciada de orgullo. Su cuerpo, mezquino en signos de mujer, va cubierto con una capa oscura. A veces, aparecen en el andar sus rodillas agudas. Y por debajo sus pies, blancos y delgados, que no dejan huella donde pisan. En cambio es copiosa su larga cabellera gris, repartida en gajos por delante y detrás de los hombros.” (Los días de la Sombra, pp. 27)
Hay otra regularidad en la Alta Fantasía, el mal absoluto es incorpóreo. El Ojo de Saurón en el Señor de los Anillos. Las Antiguas Potestades en la Saga de Terramar. En la Saga de los Confines, es de Misáianes, la excrecencia del Odio, de quien no tenemos coordenadas corporales. La crónica de su nacimiento como describe el proemio exagera su origen no natural.
“Misáianes no tuvo infancia sino un tiempo de fermentación y disimulo.
Misáianes no creció, se glorificó.
No aprendió, succionó.
No enseñó. Encandiló y bailaron sus uñas.” (Relatos de los Confines, Oficio de búhos, pp. 6)
Pero ¿Qué forma tiene? ¿Qué monstruosidad oculta? Sabemos que tiene uñas, brazos, piel, que habla y respira, que suda. Si pensamos que la raíz de la palabra monstruo deriva de mostrar, vemos que a fuerza de no describir, Bodoc nos muestra al verdadero monstruo de la Saga. Misáianes, el Increado, el antinatural, es verdaderamente un monstruo indescriptible, que subvierte el orden de la naturaleza.
Final
Para el final, no podía dejar de reforzar la idea de la actualidad de la saga. Leo un breve párrafo:
“A partir de ese momento el Doctrinador siguió hablando para el mar: —También tú deberás pedirnos perdón un día cercano… Se acabará el tiempo de creerte libre de llevar y traer tu oleaje, y de mover las orillas del desierto.
El jorobado miró desafiante, pero el Lalafke alzó sus olas hasta el cielo.
—¡Todo un mar! —se burló Drimus—. Pronto serás un charco para el Amo.” (Los días de la Sombra, pp. 180)
Y esas palabras sacadas de un libro de fantasía épica me llevan a las siguientes preguntas: ¿Alguna vez vieron cómo se mueven las olas debajo de un derrame de petróleo, o cargadas de basura plástica? ¿Alguna vez vieron un orangután subido al último árbol de una selva derribada?
Liliana nos interpela aquí y ahora ¿Nos limitaremos a ver cómo se expande el Odio Eterno? ¿Dejaremos que nuestro propio mundo se transforme en esa uniformidad gris que soñaba Misáianes? ¿Ya olvidamos que somos una hebra del tapiz de la creación? ¿Cómo dominamos a los monstruos? ¿Qué hechizo poderoso mantendrá a raya a Misáianes?
Liliana nos lo recuerda una vez más:
“Digan, también, que continúa cantando contra el Odio. Porque aprendió, de tanto andar la tierra, que el Odio retrocede cuando los hombres cantan.”

[1] Los días del Venado, Liliana Bodoc, Random House, 2000.
Los días de la Sombra, Liliana Bodoc,Random House, 2002.
Los días del Fuego, Liliana Bodoc, Random House, 2004.
Relatos de los confines. Oficio de búhos, Liliana Bodoc, Random House, 2012.
Venado, el arte de los confines, Liliana Bodoc y Gonzalo Kenny, Editorial Bodoc,
[2] Tres monstruos medievales a la luz del cuerpo sin órganos, de Bacarlett Pérez María Luisa, en Monstruos y grotescos, aproximaciones desde la literatura y la filosofía. Carmen Alvarez Lobato coordinadora. Editorial Universidad Autónoma del Estado de México. 2012
[3] Magia en la literatura: magas, brujas hechiceras, Clara María Molero. Actas XXXVIII (AEPE)
[4] El Chamán en la Saga de los Confines de Liliana Bodoc, Andrés Enrique París, en Poligramas 43, diciembre 2016

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